"Casita robada", la triste historia del secuestro y desaparición de Victorio Cerutti
La escritora María Josefina Cerutti pone en letras en su nuevo libro sus más dolorosos recuerdos de juventud: la desaparición de su abuelo y el saqueo a la "Casa Grande" de la que se llevaron todo. Cómo fue la vida después de aquella madrugada de enero del ´77
por Fernanda Jara para infobae.com

La madrugada del 12 de enero de 1977 el empresario Victorio Cerutti (75) y su yerno Omar Masera Pincolini (42) fueron secuestrados por un grupo de paramilitares en Luján de Cuyo, Mendoza. Unos 15 hombres vestidos de azul y con borceguíes, medias en la cara y armas en las manos invadieron la morada mientras Cerutti dormía con su esposa recientemente operada. Sacaron al anciano de la cama, lo golpearon y encapucharon. Lo llevaron a la rastra para arrancarlo de las entrañas de la finca familiar "Casa Grande", en Chacras de Coria, donde el empresario se dedicaba a la producción vitivinícola. Omar salió con la cabeza ensangrentada por los culatazos que le dieron cuando descansaba con su mujer e hijos en la "Casita". Ambosfueron llevados a la Escuela Mecánica de la Armada, donde se los vio por ultima vez.
En la ESMA, Cerutti fue bestialmente torturado frente a otros "desaparecidos". Querían que firmara documentos fraguados para que los bienes de la familia pasaran a manos de parientes de Emilio Eduardo Massera, entonces jefe de la Armada y miembro de la junta militar que había usurpado el poder tras derrocar a Isabel Perón en marzo de 1976. Los bienes de los que se querían apropiar por este método bestial estaban valuados en 18 millones de dólares. Tras lograrlo, Victorio y Omar fueron arrojados con vida aún de uno de los aviones de las FFAA a las aguas del Río de La Plata. Ricardo Cavallo, miembro del grupo de tareas 3.3.2, fue uno de los asesinos.
De la historia vivida al libro terminado: "Es una apuesta personal"
El desarrollo de lo que sucedió aquella madrugada (y la historia anterior y posterior) es relatado por María Josefina Cerutti, nieta de Victorio, en "Casita Robada", una "novela" atrapante y de lectura recomendada. En dialogo con el portal de noticias Infobae, la autora dijo que tras la flamante publicación hoy se descubre "movilizada y conmovida" porque era un libro que tenia en la mente, pero que no salía: "Le cambiaba los puntos de vista y no le encontraba la vuelta... Pero hace poco más de 2 años decidí que saliera así". Ese "así" fue contar la historia tal como la recuerda, con los sabores, aromas y hasta sonidos que su mente guardó por 40 años.
"Lo cuento como quedó grabado en mi memoria. Hoy lo extraño porque ahora "la tarea" del libro no está. Ya está navegando y es tanto una apuesta a la literatura como una apuesta personal porque creo que la gente que se ocupa de las artes culmina su obra según el lugar en el que está parado en relación a eso que hace".
La autora confesó que estos días son conmovedores porque los recuerdos que dejó como testimonio en "Casita..." le vuelven una y otra vez aunque ahora "más livianos".
"La historia salió sola, como yo quería: con el esfuerzo de tratar de que las personas fueran lo que son, personas. Ni héroes, ni villanos, ni dioses", asegura al dar nota de cada uno de los personajes del relato que son nada menos que sus propios familiares. Quien sobresale en el recuerdo es su abuelo Victorio "un tano muy tano del Norte, era muy pintón, muy blanco, rubio, de ojos celestes —pequeños, pero picaros— y de manos largas. No tenía panza, le gustaba comer bien, pero sano. Lo recuerdo de traje, era un pintón total. Como abuelo era excepcional, siempre buscaba la manera de hacernos reír, nos abrazaba y también nos retaba, pero era muy amoroso con sus nietos", lo recuerda con cierta emoción en la voz.
En ese recuerdo lamenta que la última vez que lo vio no llegaron a despedirse con un beso: "Fue en diciembre del 76. Estaba de traje, nos cruzamos en (el Aeropuerto Internacional de) Ezeiza y nos saludamos cuando llegamos, pero al irse no lo vi". Marijó —como la apodan— tenía 15 años cuando eso sucedió. Quince días después de ir a despedir a un tío que se exiliaba por ideales políticos su abuelo fue secuestrado. Para la historia Victorio y Omar se convirtieron en dos más de los miles que el gobierno de facto hizo desaparecer. Pero para la familia Cerutti —al igual que para aquellas miles— la historia individual fue marcada a fuego.
"Lo que me quedó de Victorio fue una sonrisa, es lo último que vi cuando lo miré", rememora al culminar el racconto de aquella tarde entre valijas de exilio. Cerutti asegura que el libro llegó para cerrar una deuda con ese pasado y esa parte de la memoria que trágicamente la unió al resto de la sociedad argentina que cada 24 de marzo marcha con la foto en blanco y negro de un ser amando.
"Nos enteramos recién el 31 de enero"
"El ultimo día de enero de 1977, todos (...) volvimos a Buenos Aires. No habíamos alcanzado a entrar al departamento cuando Malou llamó a la casa de Briga. Desesperada. Lloraba a mares. Hacía tres semanas que llamaba. La madrugada del 12 de enero las bestias habían entrado a la Casa Grande y en la Casita", cuenta la autora en un capitulo desgarrador sobre aquella madrugada en que sus seres queridos fueron arrancados de la finca. La acción de los paramilitares fue en simultaneo. "A mi tío lo sacaron ensangrentado... No se la veían venir, aunque mi tío montonero le dijo que se fuese de allí y en noviembre de 76 a Omar también le dijeron que se tomase el primer avión y se fuese, pero pensaban que nos les pasaría nada porque eran una familia muy conocida y querida en Mendoza... y les pasó, y no lo contaron", recuerda consternada.
Entre febrero y marzo de 2015, María Josefina y Mónica y Mariana, sus primas, declararon ante el tribunal en el Juicio a las Juntas. "Fui con la Casa Grande a cuestas. La proyecté en las paredes de la sala de audiencias. Conté quién había sido mi abuelo Victorio. Quién fue Omar. Quiénes éramos los Cerutti. En los ojos, en los oídos de Ricardo Cavallo, uno de los asesinos de Victorio".
El caso fue denunciado en el informe Nunca Más de la Conadep. Y el "operativo" del secuestro de Victorio Cerutti y Omar Masera Pincolini estuvo a cargo del capitán de corbeta Jorge E. Perrén, según él mismo confesó al juez federal Sergio Torres.
"El 2 de mayo de 1977, en Buenos Aires, la escritura 1.288 certificó la transferencia de las tierras de Victorio Cerutti a Wil-Ri SA. El 'Wil' correspondía al apellido de Federico Williams, nombre falso del torturador de la ESMA Francis William Whamond. El 'Ri' era de Héctor Ríos, otro nombre falso, que correspondía a Jorge Radice, también torturador del campo de exterminio. La sociedad Wil-Ri tenía domicilio legal en Cerrito 1136, 10º piso, Ciudad de Buenos Aires. Se trata del mismo domicilio del Partido para la Democracia Social, liderado por el almirante genocida Emilio Massera", detalló la diputada Anabel Fernández Sagasti en su investigación.
En 1999, vecinos de Chacras de Coria impidieron, reunidos en asamblea, que la casa fuera demolida para construir un centro comercial y un supermercado. Ese mismo año fue declarada Patrimonio Histórico de la Provincia de Mendoza. En 2008, la senadora Marita Perceval presentó un proyecto para que se la declare de "utilidad pública" y sea destinada al Archivo Nacional de la Memoria.
Un año más tarde, el Concejo Deliberante de Luján de Cuyo aprobó cambiar el nombre del barrio Will-Ri y por el de "Casa Grande". En 2012, la diputada Anabel Fernández Sagasti recuperó el proyecto de ley de expropiación en la Cámara de Diputados de la Nación que el 3 de diciembre de 2014 fue convertida en Ley Nacional.
La vivienda contaba con 10 habitaciones, un patio central y un jardín con una pileta para almacenar los vinos que producían. Tres generaciones vivieron allí. Hoy, su destino es incierto.
